¡Pum-Pum! ¡Bang-Bang!: Nostalgia noventera, Spoken Word y un Chevrolet oxidado

Mi gente, hoy les voy a hablar de uno de los grupos más “raros” que he escuchado, y una canción que también está medio rara, pero me gusta mucho. Pero para venderles la experiencia completa tenemos que hacer un viaje al pasado, así que abróchense el cinturón de seguridad porque esta máquina del tiempo llamada Resonancia Sónica está a punto de despegar con destino directo a la nostalgia noventera. Ya pues, sin tanto rollo, es que a veces le tengo que meter más sazón para completar el mínimo de palabras y para jugarle al escritor de verdad, pero ya; ahora sí, ahí les va.

Entre tele nocturna y volados musicales

El año era 1998, yo estaba en secundaria aún y escuchaba música hasta cuando escuchaba música. Por ese tiempo me tenía que dormir temprano porque me levantaba de madrugada para ir a la escuela. Pero el rollo es que Jorge Ortiz de Pinedo conducía un programa llamado Al Ritmo de la Noche, que se transmitía como a las 10 de la noche.

Si recuerdan ese programa, seguramente estarán pensando que me quedaba despierto para ver a Sabine Mousier o a Luz Elena González, pero les aseguro que no. O sea, sí me quedaba despierto, pero para ver quién era el invitado musical de la noche y, si no estaba chida, pues ya me dormía. Pero si rifaba, sin llorar, tocaba llegar desvelado a la escuela. A veces me iba mal y tocaba Kairo, o Tierra Cero o alguno de los grupos que se inventaban en Televisa; a veces me iba bien y tocaban los Jaguares, Fobia o Azul Violeta.

Muchas veces era un volado: anunciaban una banda que no conocía y tenían exactamente una canción para llamar mi atención. Así que una noche, cuando anunciaron a Los Esquizitos, yo pensé que iba a tocar dormir temprano. Pero madres, cuando empezaron a “cantar” me di cuenta de que estaba equivocado y tocaba noche larga.

Spoken word, surf y una noche que era nocturna

Pongo entre comillas cantar porque Güilli Damage, el vocalista, no estaba cantando precisamente. En ese tiempo lo hubiera catalogado como declamación, pero hoy sé que lo que hacía era Spoken Word; o sea, como que habla con ritmo o melodía, acomodándose a los tiempos de la música o viceversa. La verdad no sé definirlo, pero si alguien le sabe, escríbalo en los comentarios.

Bueno, la rola (¡Pum-Pum! ¡Bang-Bang!, 1998) empieza con la frase quizá más absurda pero enigmática que haya escuchado hasta ese momento; una voz profunda rompe el silencio con: “La noche era nocturna…”. Jaja, güey, no tiene sentido alguno y al mismo tiempo tiene total sentido porque la noche es nocturna. Bueno, el rollo es que mi cerebro, en vez de decir «ya duérmete, esto obviamente es un chiste», quedó más bien intrigado y quería saber qué había pasado esa noche nocturna.

La letra del tema es un relato Noir —lo cual tampoco sabía en ese momento— que describe ese perido de asecho de un amante traicionado a la espera de aquellos que han vulnerado su confianza. Esa noche nocturna, nuestro protagonista observa la calle desde una ventana mientras fuma un cigarrillo.

Durante los primeros tres versos, el vato nos describe su entorno y lo que sucede, dejando en el proceso frases que a mi punto de vista son dignas del guion de la película Pedro Navaja, lo cual, si han leído mi publicación al respecto, sabrán que es de mi agrado. Bueno, les decía, si aunamos estas frases cuasi poéticas con la voz profunda y seria con la que Güilli las interpreta, tenemos oro:

“Mi ropa era de lo único que no me sentía acalambrado.”

Un breakdown y un final de película

Justo después de que nos deja saber que el cigarrillo está a punto de extinguirse, tenemos el primer puente. Musicalmente es un breakdown muy surf, pero visualmente fue lo que selló el que me volviera fan de la banda esa misma noche. Mientras las guitarras soltaban unos riffs sabrosos, y el bajo y la batería hacían lo propio, Güilli se hacía a un lado y empezaba a hacer una especie de baile surf a-go-go que eliminaba por completo la tensión que había construido solo segundos antes. De nuevo, lejos de quitarles seriedad, esto les dio aún más puntos para mí (igual que Los Toreros Muertos, chequen esa publicación y tendrán un poco más de contexto).

El verso medio es meramente un puente lírico, no pasa mucho en cuanto a la historia se refiere, solo más espera y otro par de frases que no voy a transcribir porque en una de esas escribo la rola completa.

Tras esto llegamos al segundo puente musical, que es la antesala para la conclusión. En los dos últimos versos, el protagonista nos cuenta cómo, tras la desesperante espera, llega “el Chevrolet oxidado que transporta su dolor”; su pareja llega acompañada por un corredor de bolsa que, si bien es apuesto, no es exitoso. Se nos revela luego el propósito de la espera: no era una confrontación ni tratar de entender los motivos o razones de unos u otros. No, el vato no iba a dialogar, más bien iba a dejar que su revólver los hiciera darse cuenta de su error.

La distancia que había entre el Chevy y la puerta no fue suficiente para protegerse, y… ¡Y escuchamos el mejor maldito final que he escuchado nunca en una canción!:

“¡Pum-Pum! ¡Bang-Bang!, adiós tristeza. Hola botella de licor”.

¡Ahhhhh! Evidentemente, después de semejante tema quería más.

La cacería del disco y la nostalgia

Santo y Lunave fue una de las otras dos canciones que interpretaron esa noche, al día siguiente, al salir de clases, fui a todas las tiendas de discos del centro de Juárez; afortunadamente lo encontré, si no me equivoqué, en el Rock 70s, en el Pasaje del Correo.

El resto del disco es una mezcla de surf, punk y psychobilly; además de PPBB, Santo y Lunave también es un spoken word que nos cuenta una aventura espacial del mismísimo Enmascarado de Plata. En general, aparte de ser un gran disco, me gusta mucho el proceso por el que llegó a mis manos.

No fue el único, y seguido recuerdo con nostalgia esos días de descubrir alguna banda en un programa de televisión, o en el radio de madrugada, y tener que llamar a cabina a ver si te contestaba el programador y te decía qué banda o rola estaba sonando. Porque en mis días… no se crean, ya fue. Pero aun ahora me las ingenio para seguir descubriendo y disfrutando música nueva. Luego les platico de Bernal y de Oslo Ovnies.

En lo que sí y lo que no, les dejo 5 rolas de ese disco de Los Esquizitos:

  1. ¡Pum-Pum! ¡Bang-Bang!
  2. La Polka de Bryan
  3. La Motosierra de Henry
  4. Santo y Lunave
  5. Lancha con Fondo de Cristal

¿Ustedes qué rollo, ya les duelen las rodillas? Déjenlo en los comentarios con un saludillo o dos.

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