Bohemian Rhapsody y El Arte de Hacer Musica

Anteriormente había escrito sobre canciones que son capaces de contar una historia completa en solo unos minutos. Hoy voy a contarles sobre una en particular que, más que historia, es una obra de teatro o una ópera. Todos la conocemos, a todos nos gusta, y todos sabemos (más o menos) de lo que trata. Pero, de todos modos, vamos a darle una repasadita más a fondo, aunque sea nomás para convivir.

El drama hecho canción

Me refiero a Bohemian Rhapsody (1975) de Queen; una rola estructurada para ir in crescendo y causar ese impacto dramático y performático, que permite a la audiencia (hasta los que no entendemos inglés) saber de qué trata.

La letra de Bohemian Rhapsody fue escrita por Freddie Mercury, quien, aparte de ser un excelente cantante, aquí demuestra también su gran talento como dramaturgo. El tema abre con un intro de armonías a capella que describen el estado de confusión del protagonista. La pregunta inicial “¿es esto la vida real o es fantasía?”, y la expresión “sin escape de la realidad”, nos indican, también, el estado de euforia. Seguro se han encontrado en ese momento, cuando acaban de hacer algo atrabancado de lo que se arrepienten inmediatamente, y quisieran poder volver uno o dos segundos el tiempo y no hacerlo, solo para darse cuenta de que ya fue y toca aceptar las consecuencias; es justo esa situación la que esta parte de la canción nos comunica.

El conflicto y la confesión

En la siguiente parte tenemos el motivo y conflicto principal: el personaje, con voz trémula, confiesa apenadamente a su madre que le quitó la vida a un hombre no nombrado. Muestra arrepentimiento por dos motivos principales: primero por echar a perder su corta vida y, segundo, por hacer llorar a su madre, a la cual instruye en seguir su vida sin él.

Esta primera parte de la canción es muy importante, considero, porque, aunque no escuchamos respuesta de la madre, nos da a entender que es ella la figura de autoridad y respeto en la vida del protagonista, y quien le ha inculcado los valores. Dirán ustedes: “¿cuáles valores, si acaba de matar a un cristiano?”. Pues sí, pero de nuevo, no escuchamos a la madre diciéndole “No te preocupes, toma este dinerito y vete al gabacho”. Al contrario, el vato se despide y, a su pesar, se entrega a la justicia; aclarando antes que no quiere morir, pero aun así le atora.

El juicio operístico

Es justo aquí que Brian May captura el sentimiento y la gravedad de lo que acaba de suceder, y con un excelente solo de guitarra nos ayuda a hacer la transición del sentimiento de la balada al caos operístico del juicio.

Ya una vez en la corte, escuchamos la débil defensa del acusado, que básicamente se basa en decir: “Yo soy buena onda, nadie me quiere y vengo de una familia pobre. Déjenme ir”. La respuesta es obvia: “Naranja dulce, limón partido”, palabras más, palabras menos.

En esta sección, además de la evidente musicalización con tonos de ópera, vemos también varios guiños a ese género con la inclusión de personajes claramente inspirados en las óperas de antaño: Scaramouche y Figaro.

Sentencia y rebeldía

Para sorpresa de nadie, la defensa de “soy pobre, déjenme ir” sirvió para maldita la cosa y el acusado es condenado a la pena capital. Y tras el veredicto tenemos una nueva transición, ahora de la ópera a un hard rock que nos lleva a la etapa de negación, y posiblemente a un intento de escape fallido.

El protagonista empieza a discutir más efusivamente, posiblemente con el juez o su madre, no se especifica, pero exclama que tiene que salir de allí. Aunque por la música podemos intuir que el intento fue explosivo y súbito, no fue exitoso.

Aceptación final

A manera de conclusión, la música vuelve a ese estilo melódico y dulzón de la primera sección, y con ello llega la aceptación definitiva, en donde el protagonista por fin acepta su destino y nos indica que, en realidad, nada importa ya.

Bohemian Rhapsody es lo que, en los altos círculos de eruditos de la música, se conoce como un rolón. Hay una palabra que se repite un par de veces, a la que no había puesto mucha atención sino hasta después de ver la biopelícula de Queen: “Bismillah”. Es una palabra arábica que significa “En el nombre de Alá” o “En el nombre de Dios”; se utiliza como una exclamación en la sección del juicio cuando el acusado pide su libertad, y al momento es negada. Más adelante en la canción se infiere que el asesino se estará reuniendo con Belcebú tras su ejecución.

Es muy probable que esto no tenga un significado profundo y, por el hecho de aparecer en la sección de la ópera, sea meramente para toques dramáticos; pero me parece interesante cómo en un par de frases se encamina el tema a una disputa entre lo que asociamos como las fuerzas del bien y el mal.

Espero les haya gustado un poco este rollo, y que cuando salga Bohemian Rhapsody en sus reproductores le suban a todo el volumen. Dejen un saludo ahí abajo, nomás por no dejar.