Mi gente, en la última entrega de este breve relato sobre la vida de Joaquín Sabina les comentaba que tras el conflictivo pero productivo proyecto en colaboración con Fito Páez, Joaquín lanza 19 días y 500 noches (1999); el disco que se considera su máxima obra. Al momento de escribir este texto nos encontramos en el 2026; son veintisiete años los que han pasado desde la publicación de ese álbum, veintisiete años que serían difíciles de resumir en una publicación de este, su blog de confianza, por todo lo que ha ocurrido en la vida y carrera de Joaquín. Sin embargo, por propósitos de narrativa y conclusión, voy a hacer un esfuerzo.
Los excesos pasan factura: El infarto cerebral y la depresión
Tras el éxito comercial y crítico de 19 días y 500 noches, Sabina parecía estar tomando vuelo para continuar su ascenso. En preparación para sus próximos proyectos, lanza un disco en vivo, capitalizando sus recientes éxitos. Sin embargo, la vida le tenía preparados algunos contratiempos. En el 2001, tras décadas de excesos, la vida bohemia le pasa una alta factura y sufre un infarto cerebral que lo inhabilita por algunos meses, pero del cual logra recuperarse sin aparentes secuelas físicas.
Tras meses de recuperación y un cambio de hábitos radical, logra regresar a lo que parecía una vida normal; incluso edita el disco Dímelo en la calle (2002), con un sonido diferente y propositivo. Lamentablemente, durante ese tiempo cae en una profunda depresión que lo mantendría alejado de los escenarios. Generalmente se maneja este episodio como secuela del infarto que había sufrido. Para fortuna de sus seguidores y del mismo Joaquín, durante este periodo estuvo a su lado su novia (y ahora compañera de vida) Jimena Coronado, quien además de apoyarlo en su recuperación física, fue un gran apoyo emocional que estuvo siempre a su lado, y gracias a lo cual lograría salir adelante.
El regreso, el humor y los “pájaros” con Serrat
Es así como en 2005 regresa con un nuevo álbum de estudio, Alivio de luto, cuyo proceso fue además documentado en algunas entrevistas en donde se ve a un Joaquín repuesto y sonriente. Al comentar sobre su nueva vida, y respondiendo a qué era lo que sentía por sus pasados excesos, respondía con su característico humor: “Nostalgia”. Me gusta mucho esa respuesta porque noto cierto paralelismo con la línea de su canción El café de Nicanor (2002): «Y el último disparate de Nicanor, que cuando le preguntaron si había estado enamorado; como es un hombre sincero: “Yo, no, señor” contestó. “Yo siempre fui camarero”».
Con este disco vuelve por fin a los escenarios, y sirve como antesala para sus próximos proyectos. Un disco en colaboración con su gran amigo Joan Manuel Serrat, Dos pájaros de un tiro (2007), un álbum en vivo en que se cumple lo que podría ser el sueño de varios de los seguidores de estos dos cantautores: Joaquín cantando los temas de Serrat y viceversa.
Breve paréntesis: un muy buen amigo mío me contó sobre esta gira que Sabina comentaba que este proyecto era muy especial para él porque volvía a cantar las canciones de Serrat, que eran las que él cantaba en los bares durante su exilio en Londres. Y a manera de broma, Serrat remataba que el proyecto era significativo para él porque podía cantar ante el público las canciones que solo cantaba cuando se bañaba. No me consta que esto sea cierto, pero suena a algo que los dos dirían.
Joaquín cerraría la década de los 2000 con el disco Vinagre y rosas (2009), que es un disco muy bohemio y con un sonido fresco logrado a base de una instrumentación tradicional. Tras este disco, de nuevo emprende otros proyectos con Joan Manuel Serrat.
Nuevos aires, caídas y el anuncio de despedida
Durante la primera mitad de los 2010, su salud vuelve a tener una serie de recaídas que lo obligan a cancelar un número de conciertos. Colabora luego con temas para discos tributo y bandas sonoras, de los que destacan «José Antonio» (2017) para el tributo a Chabuca Granda y «Tiempo después» (2018) para la película del mismo nombre, volviendo al fin al estudio con su álbum Lo niego todo (2017). A la fecha, este es su último disco de estudio, pero volveremos a esto en un momento.
A principios del 2020, durante un concierto en Madrid, sufre una caída del escenario que afortunadamente no pasó a mayores, pero fue quizá de las últimas presentaciones que tendría antes de los eventos globales del 2020, ya que, como la de la gran parte de los artistas, su actividad se vio pausada.
Tras volver el mundo a la “normalidad”, Joaquín empezó (si bien no por nombre, sí en apariencia) lo que sería un largo proceso de retiro: un libro por aquí, un documental por allá y un par de giras internacionales. De nuevo, para beneficio de sus seguidores —dentro de los que me incluyo—, esta fuerte actividad nos dio la oportunidad de ver al cantante sobre el escenario en un periodo breve de tiempo, siendo su retiro definitivo de los escenarios (hasta el momento) la gira Hola y Adiós, que concluiría en el 2026.
Conclusión y recomendaciones imperdibles
Ya acercándonos a la conclusión de esta historia, mi esposa me ha compartido un par de declaraciones recientes (y semi recientes) que Joaquín ha hecho, de las que me llaman la atención dos en particular: una donde muestra su desenamoramiento y desilusión con sus ideales de juventud, y otra donde muestra incluso su arrepentimiento de haber llevado una vida de desenfreno y excesos.
Asumiendo que su disco Lo niego todo sea el último material discográfico de Sabina, no solo pondría un digno broche de oro a una carrera que abarca más de cuatro décadas de manera profesional —y unos más en los bares y metros de Londres—, sino que también nos deja lo que considero no solo una de sus mejores canciones, sino también la que resume a la perfección su vida, y más aún a la luz de estas declaraciones que les menciono: Leningrado (2017).
A este punto, si han seguido las publicaciones de las semanas pasadas, adivinarán que la próxima semana regresaré con una breve reseña de esta canción; sin embargo, aquí voy a dejar el tema que compete a la vida y carrera de Joaquín Sabina, esperando haber traído una narrativa interesante sobre este cantautor, y haberles recordado o reforzado la admiración por él, y si no lo conocían, al menos haberlos interesado en escuchar por lo menos una canción.
Bueno, aquí les dejo 5 canciones de Sabina durante este periodo:
- Leningrado
- Resumiendo
- Peces de ciudad
- Menos dos alas
- Yo también sé jugarme la boca
Bueno, ya se la saben, cartera y celulares… Ah, no, perdón, me dejé llevar. ¡Dejen abajo sus comentarios, suscríbanse y compartan!