Mi gente, a este punto les he contado de una manera amena y sumamente entretenida lo que ha sido vida y obra de quien es mi cantautor favorito, Joaquín Sabina. Y, si han seguido esta pequeña serie, sabrán ya que me gusta coronar cada etapa de esta historia con una canción que considero significativa en su carrera; por ello, hoy les hablaré un poco de Leningrado (2017), que aparece en el que de momento es aún su último disco de estudio: Lo Niego Todo.
Voy a ser brutalmente honesto: cuando se anunció el disco y se dio a conocer el tema homónimo, no esperaba mucho. En particular porque sería producido por Leiva (alguien que en general no me motiva mucho), y por ende su mano y estilo serían visibles en varios aspectos del álbum. Sin embargo, no sé si sea por mérito del propio Joaquín o por mi baja expectativa de Leiva, pero el disco es de lo más sólido que alguien de 67 años pueda hacer; hay artistas más jóvenes que nunca alcanzan la solidez de este trabajo.
Un tema tridimensional y lleno de nostalgia
Pero hay un tema en particular que para mí sobresale: Leningrado. De los 12 que conforman el material, este es el más cargado de esa nostalgia sabinera que tanto me gusta. La instrumentación y el arreglo no solo son acordes al tema, quedan perfectos y ayudan a crear una pieza tridimensional en donde no solo se escucha una canción, también se ve, y si estás de modo, hasta se siente.
No solo es uno de los mejores temas del disco, creo que está entre lo mejor que Joaquín ha hecho en su carrera, y parte de la magia es que Leningrado sirve también a modo de una súper breve pero elocuente biografía del autor. De manera intencional o no, como en muchas canciones, Sabina nos da un pequeño recorrido de lo que ha sido su transitar por este mundo de mujeres e ideales impermanentes.
La primera parte del tema relata el encuentro de una noche entre dos jóvenes con ideales revolucionarios en Leningrado. Quizá sea pertinente aquí explicar un poco de la historia de esta ciudad soviética: fundada como San Petersburgo por Pedro el Grande, fue la cuna de la revolución bolchevique, y a la muerte de Lenin fue rebautizada como Leningrado en su honor. En 1991, tras la caída de la Unión Soviética, la ciudad es una vez más llamada San Petersburgo.
Entonces, esta ciudad ha sido desde principios del siglo XX un importante foco cultural y sociopolítico. Por ello no es de sorprender que la primera mitad de este tema se desarrolle allí. Nuestros jóvenes protagonistas se cruzan en esa noche loca y, tras compartir ideas, afinidades y un vodka con limón, comparten también la cama.
Si bien se describe que la unión no fue particularmente amorosa, sí fue muy romántica en el sentido de que tenemos a dos jóvenes idealistas, enamorados no el uno del otro, sino de la vida misma, con esas ganas de querer salir a hacer una diferencia. De vivir rápido y morir joven, pero lo más tarde posible.
El reencuentro medio siglo después
Sin más detalle disponible, podemos intuir que ese fue el único, o de los pocos encuentros entre nuestros protagonistas. Tras un puente musical, sin embargo, podemos ser testigos del reencuentro. Casi 50 años tuvieron que pasar para que este ocurriera, medio siglo, como elocuentemente lo describe el de Úbeda.
La apariencia de ambos ha cambiado; ella ya no es rubia, ahora es morena, y el desenfreno juvenil quedó atrás hace mucho tiempo. Ni hablar de un vodka con limón, pero a regañadientes le aceptó una cerveza sin alcohol. En este nuevo encuentro, Joaquín, a través de su protagonista, dice una de las frases más brutales que le he escuchado en una canción: “eras rubia si no recuerdo mal, dije. Y, mintiendo, estás más guapa todavía”.
Me parece brutal no por el falso piropo, sino por lo que en sí representa, pero voy a retomar esto más tarde, así que no dejen de leer. Por otra parte, tenemos también el motivo recurrente de las golondrinas que acompañan estos breves encuentros entre la pareja: durante el primero, en aquella noche en Leningrado, las vemos anidando. Tras este nuevo encuentro, vemos cómo una se estrella contra un balcón y la otra consecuentemente enviuda.
La plática fue menos excitante; los ideales revolucionarios y las ganas de cambiar el mundo fueron reemplazados por pláticas de funerales y bodas. Entre ese verso, Joaquín suelta otra de esas frases que hacen que se me seque la garganta y casi se me escape una lágrima cada vez que la escucho: “No sé por qué sigo escribiendo esta canción, pero me sangra el corazón cuando lo hurgo. Supe que te casaste con un juez, y Leningrado es otra vez San Petersburgo”.
La despedida es mínima, si mucho un hasta luego con la intención de no volver a cruzarse en la vida del otro.
Más allá de un romance: la caída de los ideales
Ahora, les comentaba la semana pasada de algunos artículos que mi esposa me ha compartido recién sobre el desenamoramiento que Joaquín ha tenido con sus ideales, y su arrepentimiento de haber pasado más tiempo del adecuado viviendo la vida recia. Evidentemente esta canción hace clara referencia a esos sentimientos; sin embargo, me di cuenta de algo un poco más profundo.
Leningrado no es necesariamente sobre el encuentro con una mujer. Creo, y esto es meramente mi opinión, que es más bien sobre la relación del protagonista con los ideales revolucionarios, o la revolución en sí. Después de todo, es parte del coro: “Porque la revolución tenía un talón de Aquiles”.
Al igual que ese joven se enredó con la revolución en la Unión Soviética, solo para ver cómo colapsaban (eras rubia, y -mintiendo- estas más guapa), cómo los jueces (la autoridad o el sistema) se adueñaban de esos ideales y los usaban a su conveniencia, solo para volver al punto de partida (otra vez a San Petersburgo). Así imagino que se siente Sabina al haber vivido esta historia desde lo más adentro que un civil la puede vivir.
No obstante, aunque es siempre desafortunado ver cómo tantos años de lucha e ideales no dan los resultados que deseas, no veo Leningrado como una conclusión a la historia de la lucha. Si bien es tal vez el cierre de un capítulo, puede marcar también el punto de partida para comenzar uno nuevo.
Pero ya, hasta aquí les dejo esta breve reseña de uno de los mejores temas que he escuchado en los últimos 19 días y 500 noches. Sinceramente espero que les haya gustado un poco y que haya motivado siquiera la curiosidad de escuchar a Sabina un poco más a fondo. Dejen abajo sus comentarios, saludos y compartan con sus conocidos. Los TQM y todas esas cosas que dicen los influencers.