Física, Química y Noches de Bohemia.

Mi gente, como el breve repaso de la juventud de Joaquín Sabina tuvo un éxito brutal (15 vistas y 2 likes), decidí no hacerlos esperar mucho; y hoy les traigo un poco de la etapa en su carrera que prosiguió a Física y Química, y el éxito de “Y nos dieron las diez” (1992).

Las musas y las sustancias

Un tema que no abordé al hablar sobre sus años de juventud fue el de las sustancias y los excesos. Es de entenderse que, al verse el joven Joaquín lejos de su casa en Granada, en plena revolución cultural de los 60, haya experimentado con alguna droga recreacional. Ya luego en el exilio los hábitos habrán continuado, se habrán reforzado, no lo sé.

Lo seguro es que, al despegar su carrera en la música, Sabina nunca negó ni escondió sus andares en la vida bohemia. Al contrario, echaba mano de sus vivencias y andanzas para plasmarlas en sus canciones.

Una llave para todo Madrid

Como les contaba en el escrito sobre cómo nació “Y nos dieron las diez”, hay una anécdota que se ha contado tantas veces que existen diferentes versiones, pero la que me gusta ocurrió en un café en Madrid, en donde estaba Joaquín escribiendo y tomando un café, quizá algún trago, y se le acerca José María Cano (Mecano) por detrás y le dice: “No me jodas, que estás escribiendo una canción”.

La otra cara de este tipo de anécdotas cuenta que para su casa (o el piso, como le dicen en España) todo mundo tenía llave, y si no tenían llave, igual entraban sin tocar la puerta. Las fiestas eran interminables, la tertulia de lo mejor. De nuevo, ya llegaremos a la parte para mal de estos eventos; mientras tanto, cabe señalar que su obra indudablemente se nutría de este ambiente.

Me gustan estas anécdotas porque, vamos, es sabido y casi obligado que los artistas tienen que vivir la vida bohemia para así entregarnos las obras con las que nos deleitan, pero pocos la romantizan de la manera que lo hace Joaquín. Y este estilo de vida se exponenció tras el éxito de Física y Química.

El arte de las colaboraciones

Al contrario de lo que ocurre a varios artistas tras lanzar la obra que los consolida, lejos de disminuir en calidad, los trabajos posteriores a ese álbum conservaron su estilo lírico y musical. Sus relaciones con artistas como Andrés Calamaro, Alejandra Guzmán, Manu Chao y muchos otros, aportaban un toque distintivo y de credibilidad en cualquier género en que experimentaba.

Pero de los artistas con los que se relacionaba y colaboraba el cantautor por esos años, ninguno marcó su carrera como el cantante argentino, Fito Páez, con quien lanzaría en 1998, en colaboración, el disco Enemigos Íntimos.

Enemigos Íntimos: La tormenta perfecta

Aunque ambos artistas se conocían ya de tiempo atrás, la gestación para este proyecto se dio en 1996. Era un plan muy ambicioso desde el inicio: reunir la estructura melódica de Páez con la pluma lírica de Sabina no tenía error ni pierde… hasta que lo tuvo.

El plan inicial era simple: Fito, al ser músico estudiado y teórico, se encargaría del aspecto musical y melódico del proyecto; y Joaquín tocaría la guitarra. No se crean, obviamente el español se encargaría de las letras, no vas a colaborar con Sabina y no dejarlo que escriba. En fin, siendo ambos solistas acostumbrados a participar en toda cuestión creativa de sus discos de principio a fin, este plan estaba destinado a no funcionar casi desde el comienzo; pero el mayor conflicto tiene más bien que ver un poco con las anécdotas que les he estado contando.

Aunque, a mi parecer, no está al nivel de Sabina, Fito Páez es también un gran letrista y evidentemente querría que alguna de sus letras quedara en el disco. Si han puesto atención, habrán notado ya un patrón en Joaquín Sabina: noches de bohemia rodeado de amigos, escribir en un café a la disponibilidad de otra gente, escribir una estrofa en una servilleta y terminar la canción meses después. Sabina escribe por inspiración, afortunadamente las musas lo visitan muy seguido y en situaciones cotidianas; pero no tiene enfado alguno en empezar a escribir una canción y retomarla tiempo después.

A diferencia del argentino, que es más disciplinado y si se da a la tarea de escribir un tema, no lo abandona hasta que el tema está terminado. Proceso que no agradaba al español, no solo por ser diferente al suyo, sino también porque, según el plan inicial, debía ser él quien estaría a cargo de este aspecto.

El divorcio en verso

A pesar de este y otros roces durante la grabación, el álbum fue terminado y editado en 1998. Pero la ruptura definitiva ocurrió durante la promoción; al no concordar con quién sería el director de los videos musicales, la discusión escaló hasta la cancelación de la gira internacional que había sido planeada en conjunto.

Para disolver la sociedad de manera definitiva, Joaquín envió a Fito formalmente una carta, que parece más bien un poema épico medieval, dándolo por enterado. Dando así inicio a uno de los pleitos más sonados en el mundo del cantautor hispano.

La consagración: 19 días y 500 noches

Lejos de disminuir su ritmo artístico, la debacle de Enemigos Íntimos parece haber avivado las brasas de la inspiración para Joaquín, que en 1999 lanzaría la que podría ser considerada la obra que lo consagra, y que es el disco que me volvió fan definitivo: 19 días y 500 noches.

Un disco muy personal, melancólico, nostálgico y variado; pero que en ningún momento desentona. Y que además, nos da algo que no esperábamos, pero tampoco sabíamos que necesitábamos: tras décadas de cigarro, whisky y no sé qué otra cosa por ahí, la voz de Sabina suena casi destruida, rasposa, cruda, y le da al disco una personalidad exquisita.

De este disco se desprenden grandes temas como “El caso de la rubia platino”, “Dieguitos y Mafaldas”, “De purísima y oro”, y la que da título al álbum, “19 días y 500 noches”.

El cierre (por derribo)

Pero bueno, gente, andamos en 1999, así que como se imaginan, en años me faltan aún varios, pero en texto ya ando terminando. Aun así, hasta aquí la voy a dejar para tener pretexto de volver al tema. ¿Cuándo lo retomo? No sé, pero seguro la espera durará lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks; mientras tanto, les dejo 5 rolitas de Sabina del periodo que cubrimos hoy:

  1. Ruido.
  2. No sopor…, No sopor… (No soporto el rap).
  3. Y sin embargo.
  4. Tan joven y tan viejo.
  5. Esta boca es mía.

¿Qué les va pareciendo este rollo? ¿Sí me recomiendan con Joaquín para escribirle su próxima biografía, o mejor me sigo dedicando a este rollo de las redes? Cuéntenme también qué otra rola noventera de Sabina les gusta.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *