Pedro Navaja: El Final que No Viste

Una de mis películas mexicanas favoritas es Pedro Navaja (1984), aunque gran parte de la gente que le he preguntado y las críticas que he escuchado dicen que es una mala película: malas actuaciones, mal guion, mala dirección, y todo ese show del que habla la gente que le sabe a la cinematografía. A mí me parece buena, pero admito que ya cuando me veo acorralado sí aplico la de “es tan mala, que es buena”. Yo sé, no se va a ganar un Óscar, y Andrés García (el cual estoy seguro de que nació solo para poder interpretar este papel) no es precisamente Marlon Brando cuando se trata de actuar.

Pero los diálogos, mi gente, no he visto película con diálogos más disparatados que funcionen tan bien; nunca nadie podrá decir “más me duele la herida que le hice en su amor propio” con la seriedad que lo dice Andrés. Aunque lo que más me gusta de la película es la historia, inspirada por la canción “Pedro Navaja” (1978), de Rubén Blades.

Si no han visto la película, y tienen la intención de verla, este es su primer y último aviso. No solo voy a soltar spoilers, voy a contar la historia completa. Es más, hasta les voy a decir de cuántos quilates es el diente de oro que brilla cuando Pedro sonríe.

Les decía, la película está inspirada en los personajes de la canción y la secuencia final es una reproducción fiel de los eventos descritos en esta. Pero el resto de la historia fue escrita por Ramón Obon y Alfonso Rosas, y es en esta historia donde está la carnita para lograr que el final, acompañado por la salsa de Blades, sea tan climático.

Para empezar a entender la historia, tenemos que conocer a los personajes. Es más, una vez que los conoces, la historia se cuenta sola. El protagonista es obviamente Pedro Navaja, interpretado de manera magistral por Andrés García, un padrote de la Ciudad de México asediado por las damas, respetado por el pueblo y protegido por la policía. El antagonista es El Cumbias, que interpreta un joven Sergio Goyri, y que es otro padrote que quiere ser y tener lo que Pedro tiene. Rosa (Maribel Guardia), pareja sentimental de Pedro e interés amoroso del Cumbias. Micky (Resortes) actual borracho del centro, excaifán y amigo de la juventud de Pedro. También están Memo y La Tijuana, hermano y trabajadora de Pedro respectivamente, que son personajes secundarios pero relevantes.

Entonces, aunque Rosa y Pedro se quieren mucho, a ella no le gusta que él tenga otras parejas. Pero, pues, el vato trabaja en eso y, pues, está complicado. Y luego para acabarla de fregar, el sonsacador de Micky viene y le dice: “Peter, llegó una muchacha que viene lista para trabajar. Le dicen La Tijuana”. Rápido, Pedro hace gestiones para incorporarla a su corporativo, pero también El Cumbias andaba sobres. Después de una negociación entre caballeros, en donde las navajas tuvieron la última palabra, La Tijuana se va a trabajar con Pedro. Pero ahí sale el primer problema: Rosa le advierte a Pedro: “Métete con quien quieras, menos con La Tijuana“, y él le dijo: “No te preocupes, con ella puro bisne (negocios)”.

El segundo problema surge cuando inculpan a Pedro de haber matado a su mentor, con el que sí discutió y se navajeó por un lío de faldas, pero hasta ahí. En realidad, el bueno fue El Cumbias, y el vato fue de soplón con la chota y dijo: “Fue Pedro, yo lo vi. Y si lo tuercen, yo me mocho con lo que él cooperaba y hasta más”. Total, que lo inculpan y lo meten a la cárcel. Y mientras está encarcelado ocurren las situaciones que van a culminar en semejante final.

Resulta que cuando la policía aprehende a Pedro, ¿con quién creen que estaba? Una pista, ya le habían dicho que no se juntara con ella. Así es, estaba con La Tijuana. Y el cábula de El Cumbias de volada fue a decirle a Rosa, y esta, sintiéndose traicionada, acepta irse con él. Pero El Cumbias no la quería como pareja, la quería poner a trabajar nomás para hacerle la malhora a Pedro. Memo, queriendo defender el honor de Rosa y de su hermano, se enfrenta a El Cumbias y pierde la vida.

Entre Micky y otra trabajadora de Pedro se las arreglan para sacarlo de la cárcel e ir a arreglar su asunto con El Cumbias. Al salir de la cárcel va a buscarlo y tienen un duelo de navajas en un billar. No soy bueno para describir combates, así que hagan de cuenta que están viendo a Obi-Wan Kenobi vs. Anakin Skywalker, pero con navajas. Pedro gana, ninguna sorpresa aquí.

Por sí solo, ese hubiera sido un buen final para la película, pero para cerrar con broche de oro agregaron la secuencia de la canción, en donde los personajes son Pedro Navaja, Una Mujer (Rosa) y un Borracho (Micky). Y básicamente Pedro se abalanza contra la mujer, la apuñala, y mientras lo hace, la mujer saca un revólver y le dispara, cayendo muertos los dos. Luego el borracho pasa, recoge la fusca, el filo y una feriecilla que estaba allí y se va. Un detallazo de la película que queda perfecto en esta trama, es que el revólver Micky se lo vendió a Pedro, este se lo dio a Rosa, y al final volvió a manos de Micky. Y ahora sí, ahí termina la película. Cada que termino de verla, yo me levanto de mi asiento y aplaudo por dos minutos seguidos.

Existe una secuela, El Hijo de Pedro Navaja (1986), pero no es la mitad de buena, así que ni voy a entrar en detalles. La principal diferencia entre la película y la canción (aparte de la historia adicional), es que los hechos de la rola ocurren en Nueva York, y la película está ambientada en la Ciudad de México; la manera en que trataron de reconciliar esto es que mencionan que Pedro y Micky pasaron una temporada en Nueva York.

Pero el plot twist más grande en toda la historia ocurre en otra canción. Cuando hicieron la película, no consultaron a Rubén Blades y aparte, no le gustó para nada el producto final, y a modo de protesta y por malhora, lanzó la canción “Sorpresas” (1985), que continúa justo donde terminan los eventos de la primera canción y le da un giro completo.

Resulta que cuando el borracho va caminando con lo que acaba de recoger, lo asaltan, y luego de cuestionarlo, el ladrón va a ver qué onda con los cuerpos que le dijo el borracho. Cuando los encuentra, se da cuenta que la mujer no es mujer, es un vato vestido de mujer. El muerto sí era Pedro Navaja, y mientras el ladrón lo está registrando para ver qué más le quita, ¡MADRES!, Pedro no está muerto, y le deja ir un navajazo. Porque siempre cargaba dos navajas, lo cual tiene sentido, su apodo es literalmente Navaja. Bueno, mata al ladrón, le roba la identidad y se desafana. De nuevo, esto ocurre solo en “Sorpresas”, de Rubén Blades, no tiene nada que ver con la movie.

La versión aceptada es que Blades hizo tanto coraje con la película que les quiso echar a perder la historia con esto; lo cual a los productores les importó poco porque, como les comenté, igual hicieron una secuela.

Ahora, claro que estuvo mal que usaran la propiedad intelectual de Rubén Blades sin su consentimiento; pero siendo honestos, Pedro Navaja es Jack el Destripador. No me consta que su canción esté basada o inspirada en el asesino serial inglés; pero vamos, un vato que mata mujeres a navajazos podría ser cualquiera y la historia de la película le da más profundidad y complejidad al personaje; a mi consideración, queda mucho mejor. De hecho, “Pedro Navaja” no es la única canción que trata un tema parecido, ni siquiera es la primera. Aquí hay otras canciones que tratan temas similares:

  1. “Mack the Knife” (1959), Bobby Darin
  2. “Tom Dooley” (1958), The Kingston Trio
  3. “Juanito Alimaña” (1983), Héctor Lavoe

¿Vieron la película? ¿Creen que Andrés García sí nació para ese papel? ¡Comenten abajo si conocían la historia de ‘Sorpresas’ de Rubén Blades!”