Una de las películas musicales biográficas que más me gustan es The Doors (Oliver Stone, 1991). Como su nombre indica, trata sobre la banda estadounidense y, en particular, sobre su apuesto y carismático líder, Jim Morrison. Cuando vi el filme por primera vez ya conocía a la banda y algunas de sus canciones, pero fue definitivamente esta obra lo que terminó por convertirme en fan.
Sin embargo, debo reconocer que, al ser aún joven, me tomé la trama como fiel a la realidad y, como muchos, asumí que las andanzas del Jim de la pantalla fueron las mismas que las del Jim de carne y hueso. Con el paso del tiempo, me di cuenta de que muchos de los eventos representados fueron exagerados, sacados de contexto o simplemente inventados.
Los dos pilares del mito
Aun así, hay dos características en la obra que sirvieron para redefinir la percepción de Morrison ante la sociedad, y sobre todo ante los “chavillos” como yo que no sabíamos bien cómo estaba el rollo:
- Su uso indiscriminado de alcohol y sustancias.
- Su conexión cuasi chamánica con los nativos americanos.
De lo primero no hablaré mucho, aunque el mismo Ray Manzarek (tecladista de la banda) sintiera que fue una exageración que mostraba solo la peor parte de Jim. Desafortunadamente, su apariencia física en sus últimos años y su prematura muerte a consecuencia de los excesos nos dejan ver que, si bien es una imagen aumentada, no carece de fundamentos.
El despertar en la carretera
El aspecto de su espiritualidad y su vínculo con los nativos es algo a lo que se asoció fuertemente a Jim, sobre todo después de la película. Pero, ¿de dónde viene y cómo moldeó a Morrison?
Tanto en la película como en la vida real, Jim contaba que, cuando era niño, viajaba con su familia por una carretera de Nuevo México cuando se cruzaron con un accidente. La escena fue sobrecogedora: había cuerpos de nativos americanos esparcidos por todos lados. Jim conectó con el dolor que sentían y aseguraba que una o dos de las almas de los difuntos entraron en su cuerpo.
Este evento tuvo lugar en 1947, cuando Morrison tenía unos 4 años. Según relatos de familiares (la mayoría recolectados tras su muerte), su actitud cambió después de presenciar aquello; se volvió más retraído y empezó a interesarse por los reptiles y el desierto. Al crecer y desarrollar su faceta artística, comenzó a escribir poemas donde hablaba de fantasmas. Algunos amigos incluso recuerdan cómo el joven se refería al accidente no como una anécdota, sino como un “despertar”.
Del anonimato al escenario chamánico
A la distancia, es fácil pensar que alguien con su voz, su apariencia y una historia de origen formada desde los 4 años lo tuvo sencillo para pasar de ciudadano común a estrella de rock. Sin embargo, en 1965, cuando se fundó The Doors, Jim era aún ese joven tímido e introvertido.
Sus compañeros no dudaban de su capacidad artística, pero los primeros “toquines” fueron difíciles para Morrison (quien en ese tiempo aún era el Principe Lagarto). Pero, una vez afianzado en el escenario, las almas de esos nativos que habitaban su cuerpo parecían salir a interactuar con el mundo de los vivos.
La dinámica de la banda
Aunque varias canciones mencionan temas espirituales o de la naturaleza, la verdadera experiencia ocurría sobre la tarima. Era común que en las presentaciones Jim asumiera el rol de chamán, ya fuera danzando, entonando cantos o declamando poesía. Evidente y desafortunadamente nunca estuve en un concierto de ellos, pero por como lo cuentan, imagino que sería una experiencia inolvidable.
- Ray Manzarek: Responsable del sonido insignia de la banda, era quien más apoyaba su visión chamánica. Alargaba las partes musicales para crear una atmósfera que se adaptara a lo que ocurría en el escenario.
- Robby Krieger: Aunque tal vez no estaba tan comprometido con las creencias de Jim, recuerda que cuando este empezaba a hablar de “fantasmas en la carretera”, lo tomaba como señal para improvisar y aportar a la atmosfera.
- John Densmore: Quizá el más escéptico, pero no menos comprometido. Desde la batería adaptaba su ritmo al lenguaje corporal y a los movimientos erráticos del cantante, acentuando el mensaje que Jim transmitía.
El último acto: L.A. Woman y más allá
Entre 1970 y 1971, la banda grabó su último álbum con Morrison: L.A. Woman. Este incluye “Riders on the Storm”, un tema icónico que, aunque no habla directamente del accidente, suele asociarse con él por su melodía hipnotizante, la mención de la carretera y su uso en partes clave de la película. Fue el último tema que grabaron los cuatro miembros juntos.
También en 1970, Jim grabó por su cuenta varios poemas. Tiempo después, el resto de la banda agregó música a esas grabaciones y se editó como An American Prayer (1978). Finalmente, Jim Morrison murió el 3 de julio de 1971 en París, a los 27 años.
¿Realidad o fantasía artística?
Pero, ¿qué ocurrió realmente en esa carretera en 1947? ¿Entraron de verdad esas almas en el cuerpo de un niño? El accidente existió, aunque las declaraciones de su padre y su hermana ofrecen una versión más sobria. George Morrison recordaba el accidente, pero no víctimas fatales. Su hermana, Anne, comentó que a Jim le gustaba exagerar la historia con el tiempo, y que ella no recordaba “cuerpos desparramados”.
Personalmente, creo que estas declaraciones minimizan, desde una perspectiva adulta, el impacto que un evento así tiene en un niño. Jim Morrison estaba definitivamente poseído; tal vez no por almas de nativos americanos, sino por una sensibilidad artística y por los demonios personales que adquirió y alimentó con sus excesos. Tristemente, eso contribuyó a su partida, pero también nos dejó temas inmortales.
The Doors es una de mis bandas favoritas (sí, aunque me digan básico y que ya está muy “choteada”… ¡me vale!). Aquí les dejo las 5 canciones que más tengo presentes ahora:
- The Crystal Ship
- Love Street
- L.A. Woman (el solo de Robby me gusta mucho)
- Five to One
- Spanish Caravan
Ahora ustedes cuéntenme: ¿Qué opinan de esto? ¿Han visto la película de Oliver Stone? ¿Qué les pareció? ¿Cuál es su canción favorita de la banda? ¡Los leo!