Mi gente, entre los cantautores que me gusta escuchar hay uno que me gusta en especial, y hoy quiero hablar un poco de Joaquín Sabina. Y será un poco porque es uno de los músicos de los que me gusta escuchar su música, leer sus libros, escuchar sus entrevistas, analizar sus canciones… en fin; cuando se trata de Sabina, hay temas para escribir un par de textos.
Un destiempo afortunado
Aunque pertenece a la misma generación de Joan Manuel Serrat o Luis Eduardo Aute, Joaquín Ramón Martínez Sabina llegó al movimiento de La Nueva Canción Española algo tarde. Pero lejos de perjudicarlo, creo que ese destiempo lo benefició bastante, ya que ese estilo de trova y cantautor que manejaba se vio influenciado musicalmente por la naciente Movida Madrileña, dándole un espacio muy particular en el panorama musical español.
Para apreciar y disfrutar la música de Sabina no es necesario conocer su vida, pero es tan interesante (y se vuelve cada vez más interesante conforme se cuenta 😉), que me siento casi obligado a poner mi contribución. El vato nació en 1949, en un pueblo de España que se llama Úbeda. Como todos los jóvenes de su generación, creció con ese espíritu rebelde y con esas ganas de cambiar el mundo con las que hoy en día ya no nacemos.
El estudiante rebelde y el policía
Durante los movimientos estudiantiles que se dieron a finales de los 60, el joven Joaquín participaba activamente. La singularidad de su caso es que su padre era el comisario de la ciudad, y tras una de las protestas en Granada, en donde Sabina estudiaba, decidió hacerse perdedizo en su ciudad natal. Cuál sería la sorpresa de don Jerónimo Martínez cuando le avisaron que tenía que detener a un estudiante rebelde de Granada que se escondía en Úbeda… y ese estudiante era nada menos que su hijo.
Los regaños del padre no lograron disuadir a Joaquín de ser menos contestatario. Tal vez el servicio militar obligatorio para los jóvenes españoles pudiera hacerlo entrar en razón, pensaba don Jerónimo. Pero el destino tenía otros planes; durante el invierno de 1970, Sabina lanza un cóctel molotov contra una sucursal del Banco de Bilbao, en Granada. Tras ser plenamente identificado, decide conseguir un pasaporte falso y huye del país, evitando así cursar el servicio militar y cualquier consecuencia inmediata por el ataque al banco.
Un exilio “ocupa” en Londres y bodas de conveniencia
Es por este motivo que los siguientes siete años los vive en un exilio en Londres, en donde vive como okupa y sobrevive haciendo trabajos varios, entre ellos, cantante de restaurantes. Sus aventuras durante el exilio son tal vez las menos poéticas; no fue un exilio tan cómodo como el de Serrat en México. Tal vez en otro momento ahondemos en esos tiempos. Baste decir que, tras la muerte de Franco en 1975, Sabina, al igual que otros tantos españoles en el exilio, decide regresar a la madre patria (me pregunto si los españoles también le dicen la madre patria, creo que ya ni en Latinoamérica se le dice así).
Según sé, al volver a España en 1977 no hubo castigo por el ataque al banco. Pero el servicio militar seguía siendo obligatorio, y tuvo que reportarse al cuartel. Habilidoso para evadir responsabilidades, como siempre lo ha sido, se enteró de que los soldados casados tenían permitido pasar la noche fuera del cuartel; y como precisamente no quería pasar las noches en el cuartel, decidió contraer matrimonio, meramente por conveniencia, con una amiga suya.
De los sótanos de La Mandrágora al Rock and Roll
Para esos años, Joaquín ya había compuesto alguna que otra canción y seguía cantando en lugares pequeños. Sin embargo, la fama le huía. Su estilo inicial era más apegado a la trova y a la nueva canción española, pero, aunque su voz aún no estaba tan dañada, no tenía el rango vocal o la tesitura de cantantes como Serrat, Aute o Silvio Rodríguez. De igual manera, aunque no era mal parecido, tampoco tenía el porte de galán de los baladistas de moda. Por esos motivos, aun después de haber grabado ya un par de discos, a principios de los 80 seguía tocando en locales madrileños, en especial en la mítica Mandrágora (me pregunto si La Mandrágora siempre ha sido mítica, o se volvió mítica porque allí tocaba Sabina), junto a Alberto Pérez y Javier Krahe, a quien Joaquín admiraba.
Fue por esos años en que su estilo musical empezó a cambiar y a nutrirse más de rock y new wave. Ya para 1984, su estilo era musicalmente más apegado a la música de moda, y sus letras, aunque mantenían ese liricismo propio de los trovadores, tocaban temas más variados y de situaciones más “urbanas”. El cambio fue, en parte, por el deseo y la curiosidad artística, y en parte por el querer, por fin, alcanzar la fama.
Y aunque sí consiguió mayor popularidad y exposición en España, el principal logro de esta exposición fue el reconocimiento como autor por parte de otros cantantes. Para suplementar su faceta de cantante, componía canciones para algunos compañeros como Miguel Ríos, Ana Belén o La Orquesta Mondragón.
El rugido de los noventa y un pueblo con mar
Para finales de los 80 su carrera estaba ya consolidada y se daban los primeros conciertos en América Latina. No obstante, en 1992, con poco más de diez años en el ámbito musical, su carrera estaba a punto de alcanzar nuevas alturas con el disco Física y Química, que abre con Y nos dieron las 10, el tema que sería un gran éxito comercial.
Este tema no solo catapultó su carrera, es también un parteaguas muy importante en la forma en que el público lo percibía. Creo que fue este el momento en que se le reconoció como el artista que es. Y es también un buen punto para dejar la conversación por el momento.
Definitivamente seguiré con el tema, pero no estoy seguro de cuándo. Los voy a dejar en suspenso y con la duda de qué fue lo que pasó en ese pueblo con mar, una noche después de un concierto…
Pero en lo que retomamos el tema, les dejo 5 rolas del buen Joaquín durante este periodo:
- Con la frente marchita
- Una de Romanos
- Medias negras
- Pacto entre caballeros
- Princesa
Cuéntenme, ¿qué otra canción de Sabina les gusta de este periodo inicial? Los leo.