Gente, mientras escribía la publicación de Hombre Sintetizador no pude evitar pensar en otros discos conceptuales. Consideré, entonces, pertinente escribir también algo sobre mi disco conceptual favorito.
Y sí, ya sé lo que están pensando: “Este wey es tan básico que, sabiendo que los Beatles son su banda favorita, nos va a hablar del Sgt. Pepper”. Pues no, señores, no me conocen bien; soy más básico aún y les vengo a hablar sobre The Dark Side of the Moon (1973), de la banda inglesa Pink Floyd.
Un encuentro con “mucha crema”
Mi primer encuentro “oficial” con este disco no fue con la música, fue con una reseña de la revista Switch. Algún día les contaré a fondo de esa revista, que era mi favorita en esos tiempos. Por ahora solo puedo contarles que me gustaba leer sus reseñas porque le ponían muchísima crema a sus tacos; no recuerdo las palabras textuales, pero era algo así:
“En el disco The Dark Side of the Moon, Pink Floyd nos muestra el recorrido que lleva a las personas a la locura. Nos sumerge en lo más turbio de la mente, hasta llegar a profundidades envueltas en atmósferas oscuras y gritos estridentes…”
Wey, eran finales de los 90 y Marilyn Manson estaba en sus meros moles; con semejante reseña no me esperaba nada menos que el Antichrist Superstar.
La decepción inicial y el factor conceptual
Cuando compré el disco, en parte motivado por esa reseña, la verdad no le agarré la onda. Las canciones son buenísimas, pero no conecté con ellas. No la tomen contra Pink Floyd, no fue su culpa, asumo total responsabilidad. Para empezar, no sabía lo que era un disco conceptual; en mi mente adolescente “oscuridad” y “locura” eran sinónimos de “gritos y guitarrazos”, y no conocía el lore de la banda.
Para apreciar en su totalidad el álbum no es necesario conocer la historia de Pink Floyd y Syd Barrett, pero ayuda bastante. Syd fue miembro fundador y líder de facto hasta su salida en 1968. Su creatividad artística era imponente y su futuro en la música era prometedor. Desafortunadamente, su salud mental se empezó a deteriorar a la par que la popularidad de la banda crecía.
La sombra de Syd Barrett
Durante la grabación del segundo álbum de la banda, su comportamiento se volvía cada vez más errático, teniendo que reclutar al guitarrista David Gilmour como apoyo. Barrett abandonaría la banda en buenos términos antes de concluir la grabación del disco. The Dark Side of the Moon es el primero de dos álbumes que abordan el tema de la locura, sin duda influenciado por las experiencias con Syd.
Otro aspecto que, si bien no es necesario para apreciar el disco, a mí me ayudó bastante, es entender lo que es un disco conceptual. Una vez que supe cómo estaba el rollo, empecé a enfocarme en el álbum como un todo y no en las canciones como partes individuales, y ¡no’mbre, mi amigo!, ahí fue donde todo tuvo sentido. Pasé de pensar que la reseña de Switch estaba exagerada, a pensar que se había quedado corta.
El recorrido: Ansiedad y descontrol
El álbum abre con una especie de preámbulo de lo que viene, un track “instrumental” que, si lo tuviera que describir con una palabra, sería: ansiedad. El latido del corazón, gritos desesperados, risas desquiciadas. Afortunadamente dura poco menos de un minuto, para dar paso a la calma antes de la tormenta.
O al menos de esa manera interpreto Breathe, un tema tranquilo que pareciera precisamente exhortar a tomar un respiro, pero en realidad es más ansiedad disfrazada, en donde la música nos hace sentir que todo está en calma, pero la letra refleja pesadumbre y hastío.
De ahí todo se descontrola, enmarcado por otro tema instrumental acertadamente titulado On the Run, que suena exactamente a eso: pasos acelerados. Las canciones empiezan a abordar temas que pueden llevar a alguien a la locura: el paso del tiempo, la codicia, guerras y la muerte misma.
El punto sin retorno
El marco se cierra con otro tema instrumental titulado Any Colour You Like, que tomo como la transición o punto sin retorno. El sujeto ha perdido ya la cordura y su realidad no coincide con la aceptada por los estándares sociales establecidos.
Brain Damage y Eclipse son los temas que cierran este ciclo. El primero es precisamente el colapso mental y el aislamiento que este conlleva. El segundo nos da un listado de todo lo que un ser hace o es capaz de hacer en su vida y cómo todo ocurre a la luz del sol, dando a entender que está bien, ¿verdad? Pues no es cierto, porque luego cierra con un lúgubre: “Pero el sol es eclipsado por la luna”. O sea, cuando crees que todo está chido con lucecita y todo, ¡pum! Te llega la oscuridad.
Un final para volverse loco
El disco cierra con una frase que niega el título del disco: “En realidad no hay un lado oscuro de la luna, de hecho, es completamente oscura”. No sé a ciencia cierta si hay un significado profundo en esta frase; a lo largo de los años la he interpretado de tantas maneras, y le he dado tantos significados, que casi me vuelvo loco yo en el proceso. Así que se los dejo a su interpretación, vuélvanse locos ustedes.
Ya para ir cerrando, les comenté arriba que mi primer encuentro “oficial” con el disco fue por una revista; el no oficial —como la gran mayoría de la gente nacida después de 1973— fue con la icónica imagen de la portada.
De nuevo, me puedo ir en un viaje dando un significado y explicando la imagen del prisma fragmentando la luz. Pero, a mi forma de ver, existe poca relación entre la imagen de la portada y el tema del disco; sin embargo, es una portada de las más reconocidas e influyentes de la cultura pop por su minimalismo e impacto.
Espero hayan disfrutado esta pequeña reseña tanto como disfrutaba yo las de la revista Switch, aunque la verdad creo que los supero porque esos escritores no ponían las 5 canciones que más les gustaban del disco, y aquí les van las mías:
- The Great Gig in the Sky
- Time
- Brain Damage
- Any Colour You Like
- Eclipse
Déjenme en comentarios qué les parece este discazo.